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El éxito del fracaso.

Después de mucho tiempo vuelvo a escribir aunque no sé muy bien el qué. Empezaré por lo único que tengo bastante claro.

Me he perdido.

Me saqué la carrera de Periodismo pensando que me llenaría. Me equivoqué. Acabé tan asqueada que no veía el punto a quedarme si quiera en España a intentarlo. Veía a mis compañeros, gente con talento y ganas, siendo explotados para luego no recibir ni las gracias (lo del trabajar por 200-400€/mes da para otra entrada) y a mí me entraban los mil demonios. Decidí nada más terminar la carrera hacer las maletas y venirme a Derry (Irlanda del Norte). 

Pillé unas prácticas en una escuela de idiomas y disfruté del mejor verano de mi vida. Creo que nunca he sido tan feliz. De repente estás en otro país, hablando un idioma que no es el tuyo y que te permite conocer gente increíble que está en tu misma situación. Ves que pese al idioma, la cultura, las manías... que por muy lejos que estén vuestros países siempre hay ese punto de unión y entendimiento. Viajas (ahí es donde se te va gran parte del presupuesto), comes (la gastronomía española es buena, pero no somos los únicos que comemos de lujo) y hablas como nunca (aprendes palabras y frases en otros idiomas). 

De repente se acaba. La gente se vuelve a sus países. Hay lloros y promesas de volver a quedar en un país intermedio.

Ahí me di cuenta de que algo dentro había cambiado. Tu cabeza piensa en dos idiomas, has adquirido costumbres culturales de tu país de acogida porque se amoldan mejor a tu personalidad. Relativizas los problemas y eres más agradecido con la gente a la que quieres. Disfrutas mucho más del presente porque cada día es una aventura nueva.

Así que me he perdido, aunque parezca que me he encontrado. Me he perdido porque ya no sólo reconozco a mi país como mi país. Porque cuando estoy en España echo de menos a Irlanda y al revés. Porque da igual donde me vaya, que siempre voy a dejar a gente y lugares atrás. Porque mi casa, ya no es mi casa y la distancia la mido en billetes de avión. Porque te acostumbras a que la gente entre y salga de tu vida y entrar y a salir de la suya, a hacer cajas o maletas. A sustituir los pósters de gente, para sustituirlas por fotos de TU gente. A hacer paella no porque sea domingo de familia, sino para sentirte un pelín más cerquita de ella. Porque hay esa parte de ti que se siente culpable de que, pese a todo, disfrutes estando aquí y no allí.

Creo que lo más duro es entender (y que tu entorno entienda) que no es algo que se te va a pasar, que no es pasajero, que todo eso eres tú ahora y que es imposible volver a lo que eras antes. Por suerte hay gente que lo entiende. Otra que no y no pasa nada.

Me he dado cuenta de que no me tengo que pelear más. Nadie tiene por qué entenderlo, ni yo dar más explicaciones. Me gusta la vida que he elegido incluso con todo lo amargo que pueda traer. He desistido en matarme por avanzar mínimamente en mi carrera profesional. Quiero invertir mis veinte en trabajar en aquello que me dé lo suficiente para poder seguir viajando, viviendo aventuras, conociendo gente y siendo independiente. Que lo de asentarme a mí me sigue sin convencer y lo del prestigio social lo dejo para otro, que a mí me da pereza. Sacudirse el miedo al fracaso por no cumplir con las expectativas de lo demás, de lo socialmente aceptable. Comprender que no pasa nada si no quieres cumplir con el mantra de "puestazo+casa+familia modelo" como única forma de éxito.

Yo habré cumplido si el día de mañana al mirar atrás piense en todo lo que viví y no en lo que podía haber vivido. 



Comentarios

  1. Brillante en tu exposición. Se tu misma hija, y disfruta de la vida, que vuela que se las pela.🍻😚😚😚

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